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Siempre perdiéndose en los

Siempre perdiéndose en los contornos, mientras lo sustancial del atentado sigue en el aire, envuelto en unas brumas que no tienen razón de ser si se dilucidara cuál fue la sustancia que realmente explotó en los trenes. Lo demás no pasa de un puro entretenimiento, entreverados con ejercicios de fe, que me parecen trasnochados cuando la ciencia puede darnos respuestas a este interrogante. Es inverosímil que de catorce focos no se haya conseguido la cantidad suficiente para realizar un análisis de los explosivos, sabedores de que en España hay laboratorios con medios sobrados, y a pesar de que se incumpla el protocolo de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que sí es muy taxativo en este tenor, relativo al procedimiento de los análisis de los explosivos. No es la única norma que se ha aventado en el curso de la investigación, por cierto, otro de los cúmulos de casualidades.

En cuanto a todos esos jeribeques del tal Area y acólitos, que inclinan subrepticiamente hacia sus tesis a los lectores del blog, serían el paradigma de la demagogia bien entendida como arte de la oratoria máxime si habláramos exclusivamente de una laguna, o una duda que surgiera en el transcurso de la investigación. Decía Cicerón que el arte de la demagogia consistía más o menos en “constatar lo obvio, para enseguida negar lo evidente”. Me explico, en infinidad de ocasiones he leído análisis sesudos donde se atacaban los enigmas de Luis del Pino, que inconscientemente desvelaban una fragilidad. En ellos se achacaba a D. Luis una falta constante a la verdad, aferrándose a algunos errores que salpicaban sus artículos(2), sin embargo, a estos críticos se les ha pasado desapercibido lo verdaderamente trascendente del trabajo del ingeniero de telecomunicaciones, y es que leyendo simplemente el sumario, ha sacado a relucir una serie de contradicciones cuyas derivadas se han traducido en unas dudas razonables.

¿Por qué muchas personas nos cuestionamos la VO de la comisión de los atentados? Porque evidentemente Luis Area podrá encontrar un fallo en la argumentación de D. Luis del Pino, pero el aluvión de dudas razonables que ha puesto en negro sobre blanco requieren demasiadas dosis de buena fe, más cuando el nudo gordiano digamos, de toda la investigación, permanece irresoluto: ¿no podemos saber qué es lo que realmente estalló en los trenes? No se trata de asuntos personales como le salmodiaba la hermana de Lenín ante su escaso predicamento en el partido, porque si en lugar de aplicaros con denuedo a desfondar las teorías que ponéis en boca de Del Pino, hilárais un relato coherente con los hechos supuestamente probados de la VO, ganaríais credibilidad. Pero claro, ese toro es de demasiada enjundia, no a causa de vuestra capacidad de intelectual que la presupongo, sino porque la tramoya es tan endeble que cualquiera se aventura en ella.

¿Pero podríamos por un momento, en un acto de fe, creer que efectivamente la bolsa estaba herméticamente cerrada como dicen algunos de los blogeros? Siempre que en el sumario no hablaran tan sólo de unos detonadores y un cartucho, encontrados en una simple bolsa de basura (el resto de circunstancias son entonces fruto de la imaginación). Cierto que en algunas ocasiones los perros fallan, y no existe una cantidad que pueda ser calificada como suficiente puesto que intervienen muchas variables, sin embargo, las probabilidades de fallo en un ejercicio de similares características son bastante escasas. Concretamente en el caso de Aníbal, uno de los perros rastreadores de esa mañana, su experiencia le contempla, y se puede cifrar su porcentaje de yerros en torno a un 99,9%.
Si fuera el único hecho controvertido del 11M, daría mi plácet a la VO. La lista se me antoja demasiado larga como para creer en los milagros. Y que conste en el acta, que no afirmo que se haya añadido nada de matute, pero tampoco descarto ninguna posibilidad a priori.

PS: Los expertos creen que la no detección de los explosivos en el caso de la Kangoo no obedece a una cuestión cuantitativa. Había suficiente cantidad "en efecto era pequeña") para que fuera detectada.

Un saludo,

(1) El muchacho no tiene mala prosa pese a que su pretendida ecuanimidad se ve teñida de una adjetivación excesiva que le delata.

(2) Es obvio que hay errores en los artículos de D. Luis del Pino, ni mucho menos es la divinidad encarnada en un mortal. Constatáis esta obviedad, por supuesto, para luego negar lo evidente: ha puesto de relieve numerosas contradicciones y sobre todo, la realidad apenas ha mermado credibilidad a sus informaciones, que todo hay que decirlo, se benefician de la inexistencia de un informe de los explosivos de los trenes, no de escenarios secundaros. Con lo fácil que sería que en vez de la dinamita genérica se hubiera determinado Goma2 eco.....nos ahorraríamos conjeturas.

Albert Vigoleis Thelen (no verificado) – Dom, 10/12/2006 – 01:02

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